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Cuando la tecnología se encontró con la sostenibilidad

Ethic

Analiza las tendencias y desafíos globales a través de una mirada humanista y liberal.

¿Es la tecnología el aliado natural de la sostenibilidad y un acelerador de la transición verde? ¿Tiene la actual digitalización exponencial a la que asistimos unos riesgos asociados y no siempre identificados que debemos tener en cuenta? Dar respuesta a esas y otras preguntas y analizar formas efectivas en las que la tecnología puede actuar como palanca que impulse un cambio sostenible fue el objetivo de un nuevo encuentro de expertos, organizado Ethic y Movistar, dentro del programa Movimiento Azul.

 

«El planeta no necesita que lo salven, pero nosotros sí necesitamos un planeta habitable para el futuro», señaló Ana Pociña, gerente de Oferta e Innovación Sostenible de Telefónica. Y es que, con los efectos del cambio climático cada vez más patentes,  intensos  y extendidos por todos los rincones de la Tierra, la tecnología brinda una oportunidad única para inclinar la balanza en favor de la transición verde.

 

«Para frenar el cambio climático necesitamos herramientas, y tecnologías como la IA, la conectividad o IoT ofrecen grandes oportunidades», aseguró Pociña, quien ejerció como moderadora del encuentro. Oportunidades como «ayudarnos a evitar desplazamientos y sus emisiones asociadas gracias al teletrabajo, hacer los procesos productivos más eficientes o mejorar la integración de las energías renovables en el sistema eléctrico», ilustró esta experta.

 

Sin embargo, esas mismas tecnologías salvadoras también implican unos riesgos sobre el medio ambiente de los que hasta hace muy poco apenas se hablaba. «Convertir una de nuestras fotografías personales en una ilustración estilo animación japonesa por pura diversión no es una acción inocua. Requiere infraestructuras, consume recursos e implica emisiones. Y esos son impactos que es necesario gestionar», reflexionó esta especialista.

Percepción versus realidad

El profesor de investigación del CSIC Fernando Valladares recordó que uno de los principales desafíos actuales es reducir la brecha existente entre la percepción del impacto que provocan nuestras acciones digitales en el entorno y la realidad de esos efectos. Además, el experto hizo una reflexión sobre el orden de valores, en su opinión equivocado, que rige en las sociedades actuales. «En un proyecto, la rentabilidad no puede estar por delante de las personas. Se tiende a pensar que el principal requisito que hace posible todo lo demás es la economía, pero el verdadero requisito es estar vivos», sentenció.

Buenas prácticas

¿Cómo puede la tecnología trabajar de forma efectiva en favor de la sostenibilidad? «Existen buenas prácticas para casi todos los desafíos ambientales. El problema es integrarlas, ya que muchas de esas situaciones problemáticas son multifactoriales y multirriesgo», expuso Valladares. El experto valoró positivamente la capacidad de tecnologías como la IA para prevenir riesgos y facilitar protocolos de actuación. Sin embargo, alertó, «no solo hace falta inteligencia artificial, también hay que aplicar más inteligencia humana para no repetir errores desastrosos como edificar a 200 metros de la costa en zonas inundables».

 

María Peñate, responsable de proyectos y gestión del conocimiento en Fundación COTEC, resaltó que el sector privado tiene en su mano aplicar esa doble inteligencia a sus actuaciones. «Cualquier negocio debe tener una visión a largo plazo, y la tecnología puede ayudar a conseguirlo. Los desarrollos de sensorización, IoT, big data o gemelos digitales ya están muy integrados en la industria con resultados que hace unos años habrían sido impensables. Ahora podemos recabar datos, analizarlos y generar una estrategia sostenible gracias a esa tecnología», afirmó.

 

Según esta experta, otro de los sectores en los que la digitalización puede ser diferencial en el viraje sostenible de la economía es el agroalimentario, «donde la biomímesis y la observación de la naturaleza están propiciando ya grandes innovaciones tecnológicas».

 

La innovación es, precisamente, uno de los puntos centrales de las estrategias sostenibles empresariales, con modelos que buscan incrementar la eficiencia de los procesos. Fernando Valladares, sin embargo, advirtió sobre «la trampa de hacer más con menos» y el riesgo de incurrir en la llamada paradoja de Jevons que señala que cuando la tecnología aumenta la eficiencia del uso de un recurso, el consumo total de este recurso en realidad tiende a aumentar. Porque, argumentó, «lo único que logra la eficiencia es postergar el problema, no resolverlo, y a menudo se produce un efecto rebote en el consumo de recursos».  

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Usos éticos

 

Juan Ortiz, director general de ECODES, recordó cómo la digitalización y la integración de modelos de inteligencia artificial se están convirtiendo en las herramientas habituales de muchos ciudadanos tanto en el ámbito profesional como en el personal. «Esto nos lleva a preguntarnos por el compromiso colectivo que asegure su uso transformador, orientado a mejorar la calidad de vida y promover un desarrollo sostenible, inclusivo y ético», dijo.

 

Una de las claves de ese compromiso colectivo pasa por una mayor concienciación de la población acerca de la importancia de las cuestiones sostenibles. «El primer paso para cambiar las cosas es conocerlas», indicó Ana Pociña. En la misma línea, Juan Ortiz insistió en la idea de que, además de tener en cuenta la operativa, es necesario cuestionar el uso que se da a las nuevas tecnologías y su implicación social y ambiental. «Y es aquí donde todavía es necesario hacer mucha pedagogía: desde el impacto de los centros de datos ⎯soporte de muchas de las herramientas⎯ en términos de agua y energía, hasta el consumo generado por el uso de datos sin valor adicional, pasando por la protección de los derechos de autor o incluso la protección de datos personales», desarrolló.

 

La tecnología también puede desempeñar un papel en ese cambio de mentalidad de los consumidores. En ese sentido, María Peñate subrayó el enorme potencial que tiene el paulatino paso de cliente a usuario. Y es que, explicó, «ya no es necesario poseer bienes que vamos a usar una vez al mes, como una impresora. Un camino interesante hacia la circularidad es precisamente el de analizar muy bien el ciclo de vida del producto para explorar si es posible convertirlo en servicio».

 

La economía circular es otro de esos territorios en los que la tecnología está propiciando la confluencia entre economía y sostenibilidad. Un campo en el que, «aunque España ha mejorado sensiblemente, todavía está lejos de los objetivos», admitió Peñate. La experta destacó el papel de la ecoinnovación como vía para ayudar, entre otras cosas, a resolver el problema de los materiales y de su reciclaje: «El objetivo final debe ser una transición real a la circularidad, para lo cual es preciso incorporar tecnologías al ciclo de vida completo del producto y toda a su cadena de valor».

 

¿Qué se le puede pedir a la tecnología de cara al futuro? Para Fernando Valladares el problema «no es que no hagamos lo suficiente, sino que hay cosas que no hacemos por el planeta porque no sabemos que podríamos estar haciéndolas. Pidámosle eso: que nos ayude a identificarlas».