Marcial González
Doctor en ingeniería eléctrica por la Universidad Carlos III de Madrid. Divulga en redes Capitán Renovable (@p_renovable). Es copresentador del podcast «Energía a Granel», y parte del espacio de divulgación científica «Sígueme la Corriente».
Un momento clave para la conciencia digital
Vivimos en una sociedad plenamente digitalizada en la que los jóvenes interactúan con dispositivos electrónicos desde edades tempranas. Es una realidad tan presente que incluso constituye el tema central de la última película de Toy Story. Los smartphones, las tabletas, los ordenadores y las consolas no solo son herramientas educativas y de ocio, sino que, en muchos casos, constituyen elementos esenciales de su socialización cotidiana. Sin embargo, el fácil acceso a la innovación tecnológica y el rápido ritmo de sustitución de los equipos han generado una percepción distorsionada: a menudo, los dispositivos se consideran bienes efímeros, desechables o fácilmente reemplazables ante el menor desperfecto visual o estético, o incluso ante un cambio de tendencias o modas.
Es un tema sobre el que merece reflexionar, tanto en las aulas como en los hogares, sobre el verdadero impacto ambiental de nuestros hábitos tecnológicos. Según el informe Global E-waste Monitor de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR), en 2022 se generaron 62 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos en todo el mundo, una cifra récord que aumenta cinco veces más rápido que el reciclaje documentado de estos equipos.
Además, estudios de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) destacan que más del 80 % de la huella de carbono total de un smartphone se genera durante las fases de extracción de materias primas y fabricación del hardware. Por ello, la medida más eficaz y sostenible para reducir el impacto ambiental del sector digital no consiste únicamente en reciclar al final de la vida útil, sino también en educar a las nuevas generaciones en la conservación de cada aparato y en la prolongación de su uso.
Cuidar, reparar y dar una segunda vida: la cultura del valor
Enseñar a cuidar la tecnología implica transmitir que cada microprocesador, batería y pantalla requiere recursos valiosos y limitados de la Tierra, como cobalto, litio, cobre y minerales escasos, conocidos como “tierras raras”. Fomentar el aprecio por lo que tenemos es la base de un consumo responsable.
El papel de los adultos: educar con el ejemplo
El aprendizaje más duradero de los jóvenes proviene del comportamiento cotidiano de los adultos de referencia. Si los padres o los educadores reemplazan su teléfono móvil cada año, motivados por el marketing o las tendencias, compran tecnología por impulso o mantienen sus dispositivos encendidos sin necesidad, será muy difícil transmitir el valor de la sostenibilidad digital y dejar un legado coherente.
Un fenómeno muy extendido que debemos combatir es el denominado «Diógenes digital»: la acumulación de teléfonos antiguos, cables, cargadores y tabletas olvidados en los cajones. Según estimaciones del WEEE Forum, en los hogares de la Unión Europea se almacenan más de 700 millones de móviles en desuso. Dar salida a estos terminales mediante su donación o reciclaje permite recuperar valiosos materiales estratégicos y evita la extracción de nuevos recursos naturales.
Al final de la vida útil: la imperiosa necesidad del punto limpio
Por muy bien que cuidemos un equipo, llegará un momento en el que quede irreparable u obsoleto. En ese punto, el mensaje debe ser tajante: los aparatos eléctricos y electrónicos nunca deben tirarse al cubo de la basura común ni depositarse en el contenedor de la fracción resto.
Los residuos electrónicos contienen metales pesados y potencialmente nocivos, como mercurio, cadmio o plomo, que, si terminan en vertederos incontrolados, pueden contaminar gravemente los suelos y las aguas subterráneas durante largos periodos. Al mismo tiempo, estos residuos son auténticas «minas urbanas» de materias primas secundarias de gran valor.
Explicar a los jóvenes cómo funciona el circuito del reciclaje, acudir en familia a un punto limpio municipal o depositar los aparatos antiguos en los contenedores específicos situados en tiendas de telecomunicaciones y grandes superficies son actos de responsabilidad ciudadana que permiten cerrar correctamente el ciclo de vida de la tecnología.
Consejos y buenas prácticas para fomentar la sostenibilidad tecnológica en el hogar