El ciberbullying o ciberacoso escolar está presente en nuestras aulas desde que Internet es un espacio de socialización en sí mismo que atraviesa también los otros tres: la escuela, la familia y la comunidad. En los últimos años, este problema ha dejado de ser casi exclusivo de la Educación Secundaria y se está dando también en los últimos cursos de Primaria, reflejo de la más temprana e intensa vida digital de niñas y niños. No es fácil medir la prevalencia del fenómeno y por ello se manejan datos dispares. Parte de esta dificultad reside en identificar cuándo una situación de victimización online entre estudiantes adquiere el grado de ciberacoso escolar o ciberbullying por existir reiteración en la agresión y un desequilibrio de poder entre víctima y victimarios. En el estudio “Infancia, adolescencia y bienestar digital” (2025) el 1,5% del alumnado refirió estar sufriendo ciberacoso mientras que el 10,2% indicó haberlo sufrido en algún momento.
Un riesgo muy relevante
A la hora de evaluar la relevancia de un tipo de amenaza online para niños y adolescentes es conveniente identificar y dimensionar tres aspectos: la probabilidad de que se dé, la gravedad de sus consecuencias y la posibilidad de evitarla o repelerlo. Respecto al ciberacoso escolar, la experiencia indica que los daños pueden ser muy severos, que existe una prevalencia significativa y que difícilmente puede ser evitado o frenado. Así, podemos concluir que el ciberbullying es un reto muy relevante si no el que más, y que es preciso, en consecuencia, priorizar su prevención y abordaje.
¿Qué puedo hacer para evitar que mi hijo sea una víctima?
Nadie es inmune en Internet. Cualquiera puede sufrir violencia digital, más aún cuando es posible crear imágenes o vídeos tan ingeniosos como hirientes a golpe de IA. No obstante, intentar no entrar en conflictos e incluso evitar entornos o personas proclives a la violencia es una recomendación general. Más allá de eso, la ciberseguridad y la privacidad son factores de protección que pueden reducir el daño e incluso dificultar que se inicie. Por un lado, cuanto menos se sepa de alguien menos vulnerable es y, por otro, la ciberseguridad y la privacidad van de la mano.
¿Cómo detectar que mi hijo sufra ciberbullying?
No es nada fácil. Cambios en sus rutinas, falta de sueño y apetito, somatización, retraimiento, irritabilidad, disminución del rendimiento escolar, desatención de obligaciones… síntomas similares de cualquier otro problema. Esa intuición que tenemos padres y madres se debe activar siempre desde la observación y la proximidad. Haber establecido un vínculo de confianza compartiendo actividades online con ellos en edades tempranas también ayuda porque permitirá identificar más fácilmente las primeras señales pero, sobre todo, generar esa complicidad que da ocupar el mismo lado de la pantalla. No esperemos que nos pidan ayuda, muy rara vez lo hacen. Su situación emocional es tal que incluso se sienten merecedoras de ese hostigamiento.
¿Qué hacer si mi hijo es víctima de ciberacoso escolar?
Es recomendable:
Por último, también puede ayudar el acompañamiento psicológico profesional o la orientación especializada del INCIBE (teléfono 017 o WhatsApp 900 116 117).