Adolescentes, tecnología y salud mental: un cajón-de-sastre con gran viralidad

En mi último café virtual con vosotros me preguntaba si móvil y redes sociales eran los culpables de una peor salud mental de nuestros jóvenes.

Mi reflexión concluía que, más que culpables, eran cómplices.

Aliados necesarios para el tsunami de contenidos que consumen los adolescentes y que, de una u otra forma, por distintas razones y con diversos matices, afectan a su autopercepción, su visión del mundo y su sensación de bienestar o malestar.

Redes Sociales y salud mental: un tema muy de actualidad

Después de esa reflexión compartida, el tema del impacto de las redes sociales sobre la salud mental de los adolescentes ha seguido presente en los titulares. Es un asunto jugoso, porque permite encontrar un culpable fácil, puede combinar muchos temas en un solo, engancha al espectador, nos arrastra a todos a reducir el conjunto de problemáticas que toda una generación parece estar viviendo a consecuencia de un solo factor.

Así, una conocida actriz acepta un premio dando un discurso en el que exige a las plataformas que erradiquen los contenidos que aumentan el malestar joven. Sus palabras, virales en las propias redes y también en los medios, dicen ‘devolvednos a nuestros jóvenes (…), los padres no queremos seguir preocupados (…)’.

Su inquietud es contagiosa, común a casi todos.

Nuestros adolescentes crecen expuestos a contenidos y opiniones sin filtro, a distracción y comparación constantes, a una moda latente de mostrar -solo- la mejor versión de sí mismos.

Nos preocupa tanto que la clase política se ve obligada a actuar o hablar del tema.

salud mental

Y llega el cajon-de-sastre…

En España se quiere formar en lo digital y proteger de lo digital mientras se culpa a lo digital.

Italia se suma a otros países europeos y prohíbe móviles en colegios, mientras la Unión Europea no termina de aclararse y opta por ‘proteger pero empoderar’ a los menores en el mundo online. Biden presenta un plan de acción para proteger la salud mental, la seguridad y la privacidad online de los jóvenes, todo a una; su país no sabe qué hacer con TikTok (chino), pero Instagram (estadounidense) no parece generar tanta preocupación. Congresos varios prohíben la app china a sus congresistas, muchos de ellos con edades poco asociadas al uso de TikTok. Pero es una medida que queda muy bien de cara a la galería.

En fin.

Cajón-de-sastre muy eficaz para que el enfoque culpabilizador se haga viral: los jóvenes están peor que nunca y es por culpa de móviles y redes. Punto y final, no hay nada más que influya, no hay matices. Sin embargo, recientemente se ha pronunciado la Asociación Americana de Psicología, con sus recomendaciones sobre adolescentes y redes sociales: se demanda una mayor y mejor auto regulación de las plataformas, y se insiste en que el impacto (positivo o negativo) de las redes en los adolescentes tiene mucho que ver con el o la adolescente en cuestión. Insisten en el mensaje del director general de Salud Pública de Estados Unidos, que publicó en 2021 un aviso centrado en proteger la salud mental de los jóvenes.

Termino:

no cabe duda de que las redes influyen en el bienestar y malestar de los adolescentes. Pero tengamos cuidado para no caer en lo viral, especialmente si luego vamos a hablar con nuestros hijos sobre el tema.

Móviles y redes, más cómplices que culpables.

Ojo: especialmente problemático es que el móvil y las redes lleguen demasiado pronto, o más tarde, pero sin ningún tipo de control y acompañamiento.

Pero eso lo dejamos para el próximo café.

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