Probablemente todos estamos de acuerdo en que la tecnología es una de las fuentes de poder más importantes hoy en día. Y uno de los principales elementos de transformación de la sociedad que existen. Por este motivo es muy importante reflexionar acerca de quién toma decisiones sobre ella: quién la diseña, implementa, despliega, configura o usa. Si no estamos todos representados en estas decisiones, si no se toman pensando en los impactos que la tecnología puede tener en todos, esa tecnología nunca será neutra. Neutra como sinónimo de imparcial, equitativa o ecuánime.
Hoy hablamos de las mujeres y de su relación con la tecnología. Y estamos hablando de un 50% de la población. Pero se podrían hacer reflexiones similares con otros grupos de población como las personas menores, mayores, con diversidad funcional o con raza diferente a la caucásica.

La brecha digital de género
No se puede negar que la tecnología ha sido una herramienta muy poderosa para muchas mujeres, que les ha permitido, por primera vez, tener voz en la esfera pública, organizarse y participar, asociarse, independizarse económicamente, protegerse o luchar por sus derechos.
Pero tampoco se puede negar, que muchos desarrollos tecnológicos han reproducido o incluso amplificado las brechas, los sesgos o la violencia que las mujeres ya sufrían en el mundo físico. Internet no ha sido esa red de carácter global y abierto que se prometía en un principio. Por lo menos no lo ha sido para las mujeres, ya que muchos de sus problemas se han ignorado sistemáticamente y otros, se han agravado.
Algo que me han repetido últimamente muchas personas al hablar de estos temas es que al menos, agradecían “enfadarnos juntas”. Así que aprovechemos este café para hacerlo de nuevo. Lo siento, creo que un poco de enfado de vez en cuando puede ser muy útil…
Y es que, las niñas llegan a una edad, cada vez más temprana, en la que no se sienten competentes utilizando tecnología. Ni les interesa, ni le parece útil para sus vidas. Por lo que es mucho más complicado que la escojan como profesión. Y si lo hacen, probablemente tengan muy difícil acceder a puestos con determinado perfil, responsabilidad o salario. Y algunas, terminarán “reciclándose” o abandonando. Si aun así perseveran, las veremos menos que a sus compañeros al mismo nivel en eventos o en los medios. Y obtendrán menos reconocimiento en forma de ascensos, promociones o premios. O les costará más financiar sus proyectos.

La igualdad se construye día a día
Por estos motivos y otros muchos, nos encontramos con tecnología que no está diseñada para la anatomía o la fisiología de las mujeres. O que está sesgada, desde las herramientas de búsqueda, a las de traducción de idiomas, pasando por las de recursos humanos o las que se basan en inteligencia artificial. Incluso en lo que se refiere al entretenimiento, está sesgada, no hay más que pensar en los videojuegos o en la realidad virtual. Y qué decir de nuestras compañeras asistentes, secretarias o criadas virtuales, inicialmente todas ellas con nombre y voz femeninos.

Desde aquí mi propuesta: no más “días de”. Y más día a día. De analizar la realidad, de hacerlo con espíritu crítico, de reflexionar en voz alta, de hacer lo que esté en nuestra mano, en nuestro entorno, en nuestra comunidad. Todos los días. Porque sólo así podremos cambiar las cosas.
La tecnología nos brinda muchas oportunidades.
Aprovechémoslas juntos, sin dejar a nadie atrás.
Marta Beltrán presentó su libro en “Mr. Internet. Cómo se relacionan la tecnología y el género y cómo te afecta a ti” en Espacio Fundación Telefónica. Revive el evento aquí.





